En la ciudad de Puyo, Pastaza, Ecuador, se realizó un encuentro histórico en defensa de la Amazonía: la XII edición del Foro Social Panamazónica (FOSPA), una plataforma que reúne a comunidades, pueblos y nacionalidades, organizaciones sociales y eclesiales, colectivos, ONG’s y academia de los nueve países de la cuenca amazónica: Ecuador, Colombia Perú, Brasil, Bolivia, Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa.
Del 16 a 21 de agosto, el XII FOSPA congregó a más de 2500 personas de 27 países para para debatir, intercambiar experiencias y plantear acciones colectivas frente al sistema capitalista, el imperialismo y la nueva ola de ultraderecha que están imponiendo una agenda bélica y extractiva en el planeta, explotando, despojando y saqueando territorios campesinos, indígenas y afrodescendientes de los países amazónicos.
“Ante esa agenda, todas las voces que estuvimos en Puyo acordamos un plan de acción, como una luz en la tempestad, pero también como una lanza para luchar por la dignidad de nuestros pueblos y en ese sentido, hacemos un llamado a enfrentar las economías del petróleo, las economías mineras, las economías que asesinan a los dirigentes que defienden la naturaleza”, expresó Gregorio Mirabal, coordinador de Cambio Climático y Biodiversidad de la COICA.
Quienes nos recibieron en el XII FOSPA fueron los pueblos originarios de Pastaza, que tuvieron un papel fundamental en la organización y desarrollo de este encuentro, junto al Comité Ecuador del FOSPA. Las nacionalidades Andwa, Kichwa, Shiwiar, Shuar, Achuar, Waorani y Sapara aportaron una identidad profundamente territorial al Foro, permitiendo que, por primera vez, los pueblos y organizaciones de la Amazonía se reunieran alrededor de sus propias voces, saberes, luchas y propuestas.

Desde Bolivia hasta Ecuador
El FOSPA no es un foro coyuntural ni académico, es un espacio que ha ido construyendo su identidad y su historia a través de los años. Hoy se define como una plataforma de carácter regional, autónoma y plural, que busca que la Amazonía no sea discutida únicamente desde los gobiernos o desde los organismos internacionales, sino desde quienes habitan, defienden y cuidan la selva.

“No estamos hablando de reuniones de la COP, de reuniones de autoridades o entidades, estamos hablando de pueblos, de la gente que tiene sus pies hincados en la tierra, en los ríos, que demostraron que son capaces de organizarse y de establecer planes, metas y solicitar apoyo mutuo”, menciona el brasileño Luis Arnaldo Campos, del Comité Internacional del FOSPA.
Desde su nacimiento en 2002, en Belém do Pará, Brasil, el FOSPA se ha consolidado como un espacio de encuentro y articulación de los pueblos, organizaciones y movimientos sociales de la Amazonía.
En 2024, Rurrenabaque y San Buenaventura, Bolivia, acogió su XI edición. Allí, el Foro puso en el centro la crisis sistémica del capitalismo que está generando “un conjunto de falsas soluciones, conocidas como proyectos verdes, que alimentan una nueva ola de explotación depredadora de la naturaleza y el despojo de los pueblos”. Además, alertó del avance de la extrema derecha, el fascismo, el patriarcado, el racismo y los graves retrocesos de derechos en los Estados supuestamente “democráticos”, que criminalizan, persiguen y asesinan a defensores.
Con esta lectura crítica de la realidad, llegamos al XII FOSPA de Ecuador 2026, donde confirmamos la vigencia de las advertencias y preocupaciones planteadas en Bolivia: el avance de la derecha solo significa más extractivismo, un problema que no es aislado, sino la expresión más violenta del capitalismo mundial, frente al cual los debemos organizarnos.
Ecuador: un FOSPA que marca un hito histórico
Luis Arnaldo Campos, uno de los fundadores del Foro Social Panamazónico, considera que la XII edición marcó un hito por dos razones fundamentales. La primera fue la participación directa de las siete nacionalidades de Pastaza como organizadoras, junto al Comité Ecuador. La segunda fue la construcción de un Plan de Acción con un solo objetivo: salvar a la Amazonía.
“Estoy aquí en el FOSPA como una de las lideresas que está proponiendo la resistencia frente a la minería, la petrolera, también estoy aquí para plantear la recuperación del territorio de Tzawata Ila Chukapi, de los territorios que quieren adueñarse los Gobiernos, estoy aquí como mujer kichwa, para ser la voz de los pueblos indígenas que no pueden venir a este encuentro”, expresa Nely Shiguango, lideresa de la comunidad Runashito y ex dirigenta de Napo Runakuna Muskuy FOIN.

Así como Nelly, cientos de voces de pueblos de los nueve países de la Cuenca Amazónica llegaron al FOSPA para hacer escuchar su voz y su corazón en un momento crítico donde la ciencia nos alerta que la Amazonía se acerca a un punto crítico de no retorno, que en aproximadamente 20 años, perdería el 60% de bosque amazónico, si empresas, mafias y Gobiernos continúan destruyéndola.
“La situación es de vida o muerte. Las amenazas extractivas, especialmente mineras, están afectando a gran parte de la cuenca amazónica, se pretende abrir los catastros mineros en nuestros países, se están flexibilizando las leyes para que entren las empresas y se profundiza la criminalización como mecanismo para el despojo territorial”, manifiesta Luis Corral, miembro del Frente Nacional Antiminero del Ecuador, quién participó en la construcción de los mandatos en la Casa de Territorios Libres de Extractivismo. Para Corral, el FOSPA debe ser ese llamado urgente a cambiar la dirección de la humanidad y salvar la Casa Común.


Para construir los mandatos y el Plan de Acción, el FOSPA se organizó en torno a cuatro casas temáticas y un Campamento Permanente de Juventudes, concebidos como espacios de diálogo e intercambio desde los territorios: la “Casa de Territorios Libres de Extractivismo”; la “Casa de la Soberanía y Libre Determinación”; la “Casa de Economías para la Vida”; y la “Casa de la Resistencia de Mujeres y Diversidades”. Estas casas no funcionaron como espacios aislados, sino como partes de una misma construcción política. A esto se sumó la voz de los jóvenes, quienes construyeron sus propios mandatos.
“Desde la juventud no queremos más extractivismo. Es muy preocupante la situación porque seremos quienes cojan la batuta, pero si siguen matando nuestros territorios no vamos a tener un futuro. Queremos que se escuchen nuestras voces, los mandatos políticos no deben quedar en un papel, de qué nos sirve tener tantas declaratorias si el Estado en los diferentes países las vulneran”, expresó Yoshira Noa, dirigente de Juventud de la Nacionalidad Kichwa de Pastaza – PAKKIRU.

“Yo soy joven de 70 años y nada me da más alegría que ver a la juventud, siendo protagónica, eso me da a pensar que sí es verdad que la lucha de los pueblos es la juventud del mundo, cuando esa lucha es protagonizada exactamente por los jóvenes, ahí podemos decir estamos cambiando la historia”, agrega con total seguridad Luis Arnaldo Campos, en la XII edición del FOSPA que vio nacer hace dos décadas..
La Iglesia: una voz imprescindible para la Amazonía
El XII FOSPA de Puyo también tuvo una importante expresión desde la Iglesia comprometida con los territorios y con los pueblos que enfrentan el avance del extractivismo a través de organismos y redes como CELAM, CEAMA, REPAM y la Red Iglesias y Minería. Desde el Vicariato Apostólico de Aguarico, el misionero capuchino Charlie Azcona, que acompaña a comunidades de la Amazonía norte afectadas por la contaminación petrolera, advierte que la situación es devastadora.

“Estamos ante una situación devastadora, por un lado el petrolero, por otro lado el saqueo de madera y por otro la minería. La situación es cruda y frente a todo eso, es importante organizarnos para defender lo poco que queda. El papa Francisco nos decía que defendamos lo que todavía vive, por ello tenemos que reaccionar y debemos hacerlo como fruto de este FOSPA”, señala.

Para Yascone, la defensa de la Casa Común significa caminar junto a los pueblos, escuchar sus demandas y respaldar sus luchas. “Como Iglesia, como REPAM, estamos comprometidos en la defensa del agua, los territorios y los pueblos, como vicariatos hay una voluntad de acompañar, la Iglesia está comprometida a estar cerca de las comunidades y apoyar la defensa de la Amazonía”, precisa.
Nos relata que en el caso Mecheros de la Muerte, a pesar de haber ganado la sentencia en 2021, ninguno de los dictámenes ha sido cumplido, permitiendo que la contaminación continúe y los casos de cáncer sigan multiplicándose. Por este y otros casos considera fundamental el compromiso de la iglesia para exigir justicia.
Desde el Yasuní, la misionera Laurita Marlene Cachipuendo comparte esta perspectiva. Su trabajo junto a los pueblos Waorani forma parte de un compromiso histórico de las Misioneras Lauritas con los pueblos indígenas, que según Marlene, ha sido fortalecido en los últimos años por la REPAM.

“La situación es grave. A los Gobiernos no les importa contaminar las aguas, los suelos, se pasan por encima de los pueblos. Es el dinero y el capital lo que les interesa. Como iglesia y misioneros tenemos la posibilidad de caminar unidos a los pueblos y construir una vida digna como Jesucristo lo proclamó. Es una lucha grande que tenemos que continuar”, manifiesta la hermana.
Por eso, llegar al FOSPA junto a jóvenes universitarios de Dicaro, en el Yasuní, fue también una manera de fortalecer esa relación entre la Iglesia y los territorios.
“En mi comunidad el Río Tiputini y el Río Tiwano hay derrames de petróleo. Ponemos las denuncias pero nunca hacen caso. Por eso nos reunimos para tomar decisiones desde nuestros territorios. Yo hago un llamado al mundo a que despertemos, la Amazonía es vida, es el pulmón del mundo”, dice Vinicio Naranjas, dirigente de juventud de la Federación Shuar de Orellana y representante de los pueblos indígenas en la REPAM.
En medio de la crisis, las voces de los pueblos y de la iglesia vuelven a encontrarse en la defensa de la vida.
De la declaratoria a la acción por la vida
El XII FOSPA nos deja una luz de esperanza en un momento donde voces de todo el mundo coincidimos en la confirmación de una crisis civilizatoria sin precedentes provocada por el capital. La participación de las siete nacionalidades de Pastaza —Andwa, Kichwa, Shiwiar, Shuar, Achuar, Waorani y Sapara— no fue solamente simbólica: los pueblos originarios fueron los protagonistas del encuentro, marcaron el camino a seguir.

Esta cogobernanza de los pueblos amazónicos, reconocida en la Declaración Política de Puyuk, nombre originario de Puyo, reconoce que este XII FOSPA “amplió la participación indígena y, al mismo tiempo, evidenció el reto de garantizar una inclusión plena y efectiva de las comunidades campesinas y Pueblos Afrodescendientes que habitan, cuidan y defienden la Amazonía”.
Pero quizás el principal salto del XII FOSPA es haber intentado convertir la indignación en una hoja de ruta común. Las cuatro casas temáticas y el campamento de juventudes, permitieron recoger mandatos y propuestas desde los territorios. De este proceso surgió un Plan de Acción que plantea avanzar hacia una Amazonía viva, libre y soberana.
“Pienso en la historia del Brasil cuando llegaba la colonización, la esclavitud, cuando los esclavizados de África huían de las haciendas, huían de los castigos, la miseria y los asesinatos, huían para la selva, pero una selva que no conocían, distinta de la selva de África, con corrientes y animales que nunca habían visto. Lo que les permitió sobrevivir en la selva, fue la alianza con los pueblos indígenas, que también combatían al colonizador, a los terratenientes, a los latifundistas, esa alianza fue la primera alianza por la vida. El FOSPA quiere retomar esa historia, esa tradición que viene de hace cinco siglos y que sigue viva”, sintetiza uno de los fundadores del FOSPA desde la Amazonía brasileña.

Por eso, el XII FOSPA cierra con una Amazonía declarada en estado de emergencia, pero también con una decisión política: fortalecer la alianza de los pueblos para salvarla. Como ya lo resolvió el FOSPA de Bolivia, impulsar la alianza de Amazonía con los Andes, donde nacen los grandes ríos amazónicos, reconociendo la integralidad y la interdependencia de los territorios. Y más allá de los Andes, a Centroamérica y El Caribe, al Golfo Pérsico, Asia y el Sur Global, todos los pueblos que se resisten al capitalismo, construyendo una articulación amplia y organizada, indispensable para transformar el destino de la humanidad.
Antes de condenar el genocidio contra el pueblo Palestino, la declaratoria del FOSPA advierte sobre la expansión de las políticas del sionismo israelí hacia América Latina y concluye en los siguientes términos:
“Ante un contexto político tan adverso para el futuro de la Amazonía, los distintos pueblos reunidos en el XII FOSPA han decidido no esperar la voluntad de los gobiernos para el cumplimiento de sentencias y mandatos, sino hacer valer su autodeterminación y avanzar en procesos que garanticen la vida y protejan los derechos colectivos, humanos y de la naturaleza”.
El FOSPA deja Ecuador no solo una declaración sobre la crisis amazónica, sino una estructura de organización, una agenda común y una voluntad colectiva para defender la vida y evitar que la Amazonía llegue al punto de no retorno.


