Por: Pedro Sánchez,
Miembro del Equipo Coordinador Red Iglesias y Minería
La Cumbre Empresarial y la Cumbre de los Pueblos
En un primer vistazo general a las zonas Verde y Azul de la COP30, se podía constatar la abrumadora presencia empresarial, los lobbies empresariales y sus “soluciones” a la crisis climática que vive el planeta. General Electric, por ejemplo, ofreciendo alternativas energéticas limpias. La Fundación Toyota y empresas de transporte, mostrando la importancia de los carros eléctricos. Los bancos, evidentemente, listos para financiar alternativas de energía, alternativas de cambio. Energías limpias, dicen. Eso nos muestra que, evidentemente, detrás de la COP-30 hay muchos intereses económicos, fundamentalmente empresariales, para que las conclusiones y resultados de esta cumbre mundial se alineen a los intereses empresariales.
Crisis climática y falsas soluciones para salvar el capitalismo
El presidente de la COP-30, el embajador André Correa Dulago, planteó desde el inicio del evento la importancia de avanzar hacia acciones concretas, ir de los discursos a la acción y asumir mayores responsabilidades por parte de los Estados. A pesar de ese llamado, creo que es muy poco lo que están logrando acordar. Porque los temas fundamentales que han sido abordados en la COP-30 tienen que ver con el dinero, fundamentalmente, inversiones. ¿Quién financia la acción climática? ¿Quién financia las actividades o las acciones para detener o controlar la catástrofe climática que vive el planeta? ¿Cuánto puede o debe aportar cada gobierno? ¿Quiénes deben pagar más?
Otro de los puntos en debate ha sido la ADAPTACIÓN. ¿Cómo lograr mejores niveles de adaptación al cambio climático? Es decir, ¿cómo hacer para adaptarnos a lo que se viene? Ahí ya la palabra suena a trampa, porque no se trata de adaptarnos a estos cambios desastrosos, sino de detener la crisis climática. Detener esta ebullición climática, como dice Antonio Guterres, Secretario General de la ONU.
Un aspecto clave, donde las partes no llegan a consensos es sobre el seguimiento o control al cumplimiento de los acuerdos. ¿Qué mecanismos se aplican, cómo se supervisan estos objetivos que deben implementarse para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero? Más que sanciones, cómo se supervisa. Porque nadie sanciona a nadie. Todo queda sujeto a la buena voluntad de los estados y de las empresas.
Se podría decir que la consigna de mayor consenso es cómo seguir sosteniendo el sistema, cómo incrementar los productos tecnológicos, cómo fortalecer la producción infinita y el consumo también sin límites, ¿cómo seguir ganando dinero en medio de este caos? Poco interesa, realmente, lo que está pasando con la hermana y madre tierra y mucho menos con los pueblos y sus territorios.
En este ámbito, se ha encontrado un nuevo nombre para seguir incrementando esta producción: “transición energética”. Entonces, una COP-30 con esos temas tan empresariales, tan pobres, desde el punto de vista de la gente, poca cosa se puede esperar.
Felizmente, de manera paralela a la COP-30, se han celebrado debates y diseñado propuestas en otros espacios no oficiales en Belem. Una serie de organizaciones, grupos y movimientos sociales han trabajado para hacer oír sus demandas, sugerencias y alternativas. Evidentemente estas propuestas no las asume la COP-30, pero no dejan de ser importantes porque pasan a ser, como el pliego de lucha, la hoja de ruta de las organizaciones y de los movimientos sociales del mundo. En el espacio de la Cumbre de los Pueblos se han rechazado las falsas soluciones a la crisis climática.
Los pueblos ancestrales, la academia, las iglesias, las redes y movimientos han dicho NO a las falsas soluciones, esas soluciones no nos llevan a resolver el problema de la crisis climática. La Cumbre de los Pueblos ha hecho una dura crítica al modelo capitalista, a este modelo de producción que vivimos, a este modelo que el Papa Francisco lo llamaba “un sistema que mata”, un sistema que destruye el campo, un sistema que mata la agricultura ecológica, un sistema que mata a la gente, que mata los ríos, que mata el ambiente, que mata la naturaleza, que mata en última instancia a la Madre Tierra. La Cumbre de los Pueblos ha hecho un llamado a superar el capitalismo.
Cambiar de raíz, pasar a otro modo de vida, la propuesta de los pueblos
Pasar a otro sistema, a otro modo de producción, a otros modos de vida. Ese es el camino que le corresponde a las organizaciones sociales, a los movimientos indígenas, campesinos, a quienes son las víctimas de este sistema de explotación, de muerte y de degradación de la naturaleza.
El padre Dário Bossi, de la Red Iglesias y Minería, lo ha planteado con mucha convicción: “Tenemos que poner límites a la producción infinita y a la ambición de querer convertir todo lo existe en dinero. Se trata de avanzar hacia modos de vida donde la sobriedad feliz o el buen vivir, sea la meta. Donde podamos vivir con dignidad sin la ambición del consumismo y de la acumulación”.
Respecto a las falsas soluciones los movimientos sociales han dicho, que son propuestas que buscan simplemente sostener el sistema, que buscan mejorar el capitalismo, salvar el capitalismo para que continúe igual explotando a la naturaleza y a las personas. Porque de las corporaciones causantes de la situación que hoy vivimos, no pueden venir las soluciones.
Los gobiernos creen que basta entregar dinero a algunos protectores de bosques. Para que las empresas continúen ampliando las centrales eléctricas, deforestando las selvas, inundando de monocultivos los territorios indígenas, impulsando la minería y la extracción de combustibles fósiles, acaparando y contaminando las aguas.
¿Puede haber un extractivismo sostenible? ¿Puede haber ganadería extensiva verde? ¿Transición energética justa? No, no puede haber. Solo son falsas soluciones.
Buscar “energías limpias”, para mantener el modelo de producción, aunque estas energías exijan quintuplicar la extracción de minerales, es seguir sacrificando territorios, pueblos y culturas. Seguir destruyendo la casa común. En la Cumbre de los Pueblos, pero también en los espacios animados por las iglesias, se ha dialogado sobre estos temas y se ha planteado avanzar en propuestas realistas, que nos permitan avanzar hacia una sociedad no extractivista, no mercantilista. Donde se produzca lo necesario para que todas y todos podamos vivir con sobriedad y dignidad. Algo, que seguramente los capitalistas nunca lograran entender.
Finalmente, al realizarse la COP-30 en Belem de Pará (el corazón de la Amazonía brasileña), imaginábamos que muchos temas tendrían que ver con la biodiversidad, con la defensa de la región amazónica, con la autonomía de los pueblos indígenas y ancestrales, pero solamente, han quedado en el discurso. Defender la Amazonía exigía, por ejemplo, parar el extractivismo petrolero y minero en las tierras amazónicas, detener la deforestación y los monocultivos de soya y palma aceitera, proteger los ríos como sujetos de derechos… Pero, nada de eso es preocupación de nuestros gobernantes.
¿Cómo avanzar hacia una sociedad postcapitalista?
En los diversos espacios de la sociedad civil, de los pueblos indígenas y de las iglesias se ha ratificado la necesidad de avanzar hacia una sociedad no extractivista y no mercantilista. Es evidente que ese camino no será fácil y no será de la mano de nuestros gobiernos, que por lo general responden a los intereses de las grandes corporaciones y sus grandes mercados.
La buena noticia es que ya hay en diversas partes del mundo, experiencias que vale la pena descubrir, mostrar y apoyar: Agricultura ecológica, turismo comunitario y sostenible, cooperativas de pequeños y medianos productores, experiencias de economía solidaria, comercio justo, pueblos indígenas autónomos, movimientos por los derechos de la naturaleza, equipos y grupos de científicos solidarios con la madre tierra, etc. Hay que seguir fortaleciendo las “arcas de Noe”, las “caracolas de la esperanza”, las autonomías comunitarias, las comunidades de solidaridad…
- Paralelamente, seguir exigiendo a nuestras autoridades la implementación de políticas públicas nacionales e internacionales que favorezcan el respeto y ejercicio de los derechos humanos, derechos comunitarios y derechos de la naturaleza.
- Exigir que se anule toda deuda ilegítima contraída por los países del sur.
- Luchar por la reparación de derechos violentados. Tenemos tantas poblaciones afectadas por los extractivismos, por la contaminación de los ríos, lagos, mares que producen los agroquímicos, el uso excesivo de plásticos o la extracción de petróleo y minerales. Entonces, exigir a los estados la reparación de estas deudas históricas, sociales, ecológicas y climáticas.
- Revisar y rechazar los acuerdos comerciales que el norte global impone muchas a nuestros países, para favorecer a sus empresas.
- Dejar los materiales fósiles bajo tierra.
- Detener el extractivismo minero en zonas de nacientes de agua, en zonas hídricas, de los ríos, las lagunas.
- Necesitamos avanzar hacia una Amazonía sin minería, sin petróleo, sin monocultivos.
- Trabajar por las autonomías indígenas, por la defensa de las culturas de los pueblos tradicionales.
- Avanzar en torno al tema de la soberanía alimentaria, energética y financiera de los pueblos.
- Reestructuración ecológica de las ciudades, reconocimiento y protección de los derechos de las poblaciones.
- Promover la desinversión en minería, en combustibles fósiles y en todo tipo de empresas que violenten y destruyan la casa común.
Este es un primer balance, de lo que ha sido la COP en paralelo con lo que ha sido la Cumbre de los Pueblos. Tendremos que seguir de cerca y vigilar que lo poco que se avanza se implemente. Felicitamos a quienes hicieron posible los espacios de la sociedad civil en el marco de la COP30, particularmente a quienes sacaron adelante el Foro Social Temático sobre Minería, el Tapirí Ecuménico, la propuesta del Iglesias del Sur Global y, por supuesto a quienes coordinaron y participaron en la Cumbre de los Pueblos, espacio que se ratifica como necesario, porque las voces de la madre tierra y las comunidades anuncian que lo nuevo ya está naciendo desde abajo y del lado del corazón.


