En el momento que habitamos donde los poderosos del mundo, con su aparataje estatal, legal y cada vez más, bélico, quieren hacernos creer que tienen la última palabra.
Mientras tanto, en los rincones del mundo, en los ríos, los mares, las quebradas, las montañas, los bosques, los valles, millones de personas, se levantan para mirar el sepulcro vacío. Esos millones que se levantan todos los días, para rebatir la palabra de los poderosos del mundo. Para rebatir con su trabajo, labrando la tierra, movilizando a las mujeres, sacudiendo a los jóvenes, para decir que NO, que no tienen la última palabra. Que Jesús ha resucitado, elevándose sobre los IMPERIOS de fuerza y armas, posándose encima de la destrucción y los escombros que va dejando esta guerra sin sentido, por más poder y por acaparar los recursos.
Millones de personas, elevando el grito en oración, para decirles que NO, que ellos, que son la muerte, no tienen la última palabra, que su poder no es más que el poder de seguir creyendo en que la liberación llegará en este mundo, tejida con las manos de tantas y tantos que no se resignan y que todos los días construyen sociedades más dignas, más generosas, más justas. Que el opresor, el injusto, el sanguinario no podrá frente a la organización, la unidad y el espíritu de la resistencia que sostiene a tantos pueblos sometidos frente a la bestia, de muchas cabezas y muchos rostros. La resistencia que es cuerpo y que es alma, que es voz del territorio herido, pero de pie, enfrentando el futuro.
Para el imperio ya esta decidido, es un futuro sin futuro y creen que vamos a aguardar en su palabra. NO, se levantan los pueblos diciendo, esto que nos quieren mostrar, no es todo lo que hay.
«Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo»
Mateo 28:20
Por eso, no perdemos la esperanza en Dios, por eso, la RESURRECCIÓN, el ciclo de la vida después de la muerte, que solo es capaz de engendrarse desde la esperanza y desde la comunidad.
Felices Pascuas!


