El Apocalipsis suele ser presentado como un libro de catástrofes, monstruos y el fin del mundo. Una lectura marcada por el miedo, basada en la idea de que todo está escrito y que poco podemos hacer frente al destino. Pero una mirada desde abajo, colectiva y desde la realidad de los territorios, nos puede ofrecer una nueva visión del apocalipsis.
Esta mirada fue el tema de reflexión este 30 de septiembre en el encuentro “Corazonar”, de la Red Iglesias y Minería, donde la invitación fue distinta: volver al Apocalipsis con los ojos abiertos, quitar los velos y preguntarnos qué puede decirnos hoy, en medio de un mundo atravesado por guerras, genocidios, crisis ecológica y una desigualdad cada vez más profunda.
“Apocalipsis” significa precisamente quitar el velo, hacer visible aquello que permanece oculto. Desde ahí, Viviana Vaca, miembro de la comunidad ecoespiritual de la red eclesial, propuso releer el libro no como una amenaza, sino como una palabra de esperanza en medio del caos.
“Animarnos a quitar los velos que cubren las necesidades en el tiempo que vivimos. Velos que nos impiden reconocer esos poderes que dominan, culturas que generan desigualdad, lógicas que descartan, violencias que se naturalizan y distintos imperios que siguen oprimiendo y condicionando la vida”, expresó Viviana.
Pero mirar sin velos significa también descubrir que las fuerzas que parecen invencibles pueden ser desenmascaradas y que, en medio del caos, siguen existiendo comunidades y pueblos capaces de resistir, cuidar, sostenerse y caminar hacia otros horizontes.
Leer el Apocalipsis desde abajo
Para Moema Miranda, teóloga, antropóloga y laica franciscana de Brasil, esta relectura tiene además una historia personal. Recordó cómo inició su conversión espiritual al cristianismo gracias al libro del Apocalipsis. Fue en una comunidad de mujeres trabajadoras de Brasil donde empezó a descubrir que aquel lenguaje extraño podía adquirir otro sentido cuando era leído colectivamente.
La experiencia le dejó una certeza: el Apocalipsis no es un libro para leer en soledad. Fue escrito desde las comunidades que enfrentaron la opresión del Imperio Romano y, por eso, también necesita ser leído desde las comunidades que hoy atraviesan la opresión de los nuevos imperios.
Moema advirtió que, a lo largo de la historia, una lectura “desde arriba” ha utilizado el Apocalipsis para instalar miedo y presentar el futuro como algo ya escrito que no puede ser transformado. Pero existe otra lectura posible: una lectura “desde abajo”, desde quienes resisten. Allí el futuro permanece abierto y no pertenece a quienes concentran el poder.
“El futuro está en disputa”, afirma Moema. Y en esa disputa aparece una figura central: el cordero degollado, Jesús, símbolo de un poder que no responde a la violencia con más violencia, sino que coloca la vida y el amor en el centro.
“Para nosotros es un libro que abre posibilidades de conversaciones, diálogos y de hermanamiento con el conjunto de la naturaleza, una lectura cósmica del mundo, pero también de muchos otros pueblos que hacen este enfrentamiento al imperio y que afirman que este camino se hace con el príncipe de la paz, un camino de corazonar, de sumar y de resistir”, expresa Moema.
Desde esta mirada, el Apocalipsis deja de ser una sentencia sobre el final de los tiempos para convertirse en una posibilidad de construir otros mundos y de reconocer que otros pueblos también conservan sus propias historias, memorias y caminos.
Mirar la seducción detrás del poder
El P. José Fernando Díaz, sacerdote chileno de la Congregación del Verbo Divino (SVD), propuso mirar el Apocalipsis desde el contexto en que fue escrito: comunidades que vivían bajo la dominación del Imperio romano, pero que no solamente estaban sometidas por la fuerza, sino también por la seducción del poder.
Fernando hace referencia a que el culto al emperador no respondía únicamente al miedo, sino también a los beneficios que ofrecía: derechos ciudadanos, privilegios económicos y la posibilidad de formar parte del orden establecido.
“Nos empezamos a dar cuenta que el apocalipsis denuncia formas de ejercicio de poder, que seducen a pesar de ser capaces de destruir, asesinar, esclavizar o dominar”, señala Fernando, asegurando que el problema no se limita a identificar a “los buenos” y “los malos”. También hay que preguntarse por qué modelos violentos resultan atractivos para las comunidades.
En el Apocalipsis, la imagen de la “bestia” no representa sólo una fuerza monstruosa; también representa un sistema capaz de seducir y ofrecer beneficios a quienes aceptan formar parte de él.
“Es un libro que sigue vivo para hoy y no simplemente un texto del pasado con imágenes extrañas de futuro desastroso, sino que muestra lo que nos pasa hoy, como el modelo extractivista, el neoliberalismo o las dictaduras, que tienen el mismo carácter del apocalipsis, no solo en el aspecto monstruoso y criminal, sino porque seduce a buena parte de la población con un modelo de desarrollo de supuesto bienestar, que nos engaña fácilmente”, detalla Fernando.
Fernando plantea como un ejemplo actual al extractivismo minero. Las grandes operaciones extractivas suelen llegar acompañadas de promesas: progreso, empleo, carreteras y desarrollo para las comunidades. Algunas comunidades sucumben ante los supuestos beneficios, el problema aparece cuando ese “progreso” deja ríos contaminados, bosques destruidos, comunidades divididas, enfermedades y muerte.
“El tiempo en que se escribe el Apocalipsis corresponde al tiempo de expansión colonial de Roma. Donde nació Jesús fue una colonia romana y las colonias fueron lugares de explotación, de apropiación de la mano de obra y de la tierra, tal como hoy lo hecho con el litio, las tierras raras, el oro y el cobre, las grandes potencias se apropian de las tierras de los pueblos, lo hemos visto con Venezuela con un dolor terrible. Los grandes imperios construyen relatos para apropiarse de los bienes de los demás”, manifesta Fernando.
En ese sentido, Fernando llamó a escuchar las voces de los pueblos indígenas que han vivido más de 500 años de opresión y despojo.
“Cuando vamos hablar de Antropoceno, de destrucción, de Apocalipsis, preguntémosle a los pueblos indígenas que lo vienen viviendo desde hace varios siglos: destrucción de sus territorios, esclavización de las familias, destrucción de las estructuras sociales, de las tradiciones religiosas”, manifiesta.
Y esa lectura también permite entender por qué el Apocalipsis sigue siendo un texto vigente. Para Fernando, si lo dejamos reducido a monstruos y acontecimientos de un futuro lejano, pierde su fuerza. La pregunta está aquí y ahora: ¿qué poderes están operando?, ¿qué promesas nos ofrecen?, ¿qué costos esconden?, y ¿qué comunidades están resistiendo?
Fichas pedagógicas: una herramienta para leer en comunidad
Desde la Amazonía peruana Daniela Andrade y Maria Eugenia Lloris, de la comunidad Ecoespiritual de la Red IyM presentaron una herramienta popular para leer el Apocalipsis en la comunidad: siete fichas pedagógicas construidas colectivamente para acercarnos al texto desde las realidades de los pueblos y los territorios.
Daniela, comunicadora comunitaria y defensora del territorio, situó el proceso en los territorios donde estas preguntas se materializan en la vida cotidiana. “Desde la Amazonia, este territorio mismo habla del Apocalipsis, de la opresión, de la seducción, pero también de la capacidad inmensa de esperanza que existe”, manifiesta.
Daniela explicó que las fichas se construyeron en un proceso colectivo e intercultural, escuchando relatos e historias de abuelas y abuelos de distintos pueblos, así como a comunidades y personas defensoras que ponen el cuerpo frente a proyectos mineros, petroleros y otras formas de intervención sobre sus territorios.
“La voz de los pueblos indígenas, enfrentando este caos, la destrucción y la muerte, es imprescindible para encontrar estas piezas de esperanza”, señaló.
Maria Eugenia Lloris, religiosa de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, por su parte, enfatizó en que las fichas no pretenden cerrar una interpretación. Son una provocación para mirar de otra manera aquello que produce miedo y para encontrar narrativas capaces de abrir caminos de esperanza.
“Las fichas son de todos y entre todos las hemos construido”, sostuvo. Por eso también puntualizó en que las fichas están abiertas a la crítica, a nuevas preguntas y a los relatos de quienes las lleven a sus propias comunidades.
La propuesta parte de una convicción sencilla pero profunda: si el Apocalipsis es un libro vivo, también lo son las historias de los pueblos que siguen defendiendo sus territorios.
Más que un manual, las fichas se plantean como una puerta para preguntar, conversar y mirar distinto. Su propósito es acercarse a otras formas de conocimiento sin convertirlas en objetos de estudio ni extraer de ellas respuestas prefabricadas, sino aprender desde el diálogo y la conexión espiritual entre los seres humanos y la naturaleza.
Las siete fichas pueden consultarse y descargarse libremente para ser utilizadas en comunidades, parroquias, grupos de reflexión, espacios pastorales y procesos de formación. La invitación es leerlas, usarlas, discutirlas y seguir construyéndolas colectivamente.
Enlace a las fichas:
Esperanza en medio del caos
La Organización de Naciones Unidas (ONU) advirtió en mayo de 2026 que el mundo atraviesa el mayor número de conflictos desde la fundación de la organización en 1945. Además, reconoció oficialmente que Gaza enfrenta un genocidio, es decir, en pleno siglo XXI asistimos a un proceso en curso de aniquilamiento de un pueblo entero.
Hoy más que nunca la relectura del apocalipsis se vuelve urgente y necesaria, para abrir los ojos y desvelar a los imperios que en su sed de poder, van dejando muerte, desplazamiento, persecución y sufrimiento en diferentes pueblos del mundo como Palestina, Líbano, Congo, Sudán, Latinoamérica y cientos de comunidades alrededor del mundo.
“Algunos líderes mundiales vuelven a hablar de armas nucleares y guerras cada vez más agresivas. Continúan armándose, gastando en esa tremenda industria militar. Un pequeño número de personas se están enriqueciendo gracias a una industria que promueve la guerra”, denunció el Papa Leon XIV hace apenas unos días, evidenciando la crisis civilizatoria que atraviesa la humanidad y la Casa Común.
Pero esta violencia no ocurre únicamente en los campos de batalla. También alcanza a quienes defienden la vida, los derechos y los territorios frente a proyectos que amenazan sus comunidades. En 2025, Front Line Defenders documentó al menos 357 personas asesinadas en 2025 por su labor en defensa de derechos humanos y de la naturaleza.
El Apocalipsis no solo habla de quienes resisten. También nos obliga a recordar a quienes fueron silenciados por resistir. Esa realidad también está recogida en la memoria de los “Mártires de la Creación”, entregada en septiembre de 2026 al papa León XIV por redes eclesiales latinoamericanas. La memoria reúne más de 500 nombres de personas cristianas o cercanas a las iglesias asesinadas en América Latina durante los últimos 25 años.
Pero incluso en medio del caos, los pueblos resisten. En toda América Latina, las comunidades resisten frente al avance del extractivismo; las comunidades migrantes resisten frente a la violencia racista en Estados Unidos; en España, la clase trabajadora resiste frente al despojo de la vivienda. En Palestina, un pueblo entero resiste y nos llena de esperanza. En todas estas luchas, hay una certeza: incluso en medio del caos, los pueblos nos muestras la posibilidad de otro mundo posible.
Así, develar el Apocalipsis no significa descubrir cómo terminará el mundo, sino aprender a reconocer los poderes que destruyen la vida, a quienes resisten frente a ellos y las semillas de esperanza que siguen brotando en medio del caos. Porque la esperanza no es esperar pasivamente: también es cuidar, escuchar, recordar, organizarse, defender y construir.
Desde la Red Iglesias y Minería queremos invitarnos a llenarnos de esperanza, una esperanza con los pies en la tierra, que nace de los pueblos que resisten y de quienes siguen defendiendo la vida y la Casa Común. Hoy más que nunca necesitamos corazonar la esperanza, compartirla y convertirla en fuerza para seguir caminando.


