Iglesias, comunidades y organizaciones ambientalistas de República Dominicana marcharon juntas para formar un escudo humano en defensa de la Cordillera Septentrional, amenazada por proyectos mineros transnacionales que pretenden extraer “recursos” de sus entrañas sin el consentimiento de las comunidades.
La marcha se realizó en la ciudad de Santiago de los Caballeros este domingo 24 de mayo y congregó a más de cinco mil personas que se unieron en una sola voz en defensa de la cordillera, que funciona como una gran fábrica natural de agua.
De las montañas de la Cordillera septentrional nacen cerca de 300 fuentes de agua que abastecen a más de 100 comunidades campesinas y aportan alrededor del 90 % del agua a la provincia de Puerto Plata. Sus aguas permiten el riego de cultivos como cacao, café, plátano, yuca, frutas y hortalizas, sosteniendo economías familiares y mercados locales.
Es por esta razón que comunidades, organizaciones e iglesias se han unido para defenderla. La participación de sacerdotes locales, entre ellos Ramón “Nino” Ramos y Rogelio Cruz, ha brindado un respaldo esperanzador a las comunidades.

Voces pastorales frente al extractivismo
“El pueblo envía una invitación y una orientación precisa a las autoridades dominicanas: hay que revisar las concesiones mineras en todas las cordilleras de este país, porque todas están cedidas, pero ¿quién les dio permiso?”, cuestionó el padre Rogelio durante la marcha, con su bandera en mano donde se lee la frase “LA VIDA NO SE NEGOCIA”.
El padre Rogelio cuestionó la legalidad y legitimidad de las concesiones mineras otorgadas y aseguró que no cuentan con el respaldo social de las comunidades.
“Hay un proceso y dentro de ese proceso hay un permiso que es la licencia social, y con este tipo de marchas el pueblo está diciendo que no ha dado ninguna licencia social”, manifestó.
El padre Rogelio expresó que las pretensiones de explotar la Cordillera Septentrional por parte de los gobernantes y las empresas han llevado a las comunidades a recurrir a la movilización social para hacer escuchar el sentir popular.
“No nos dejan otra alternativa que la calle y la gente está respondiendo porque está viendo que los recursos se los entregan de manera inmisericorde a compañías todas extranjeras, en contubernio con malos dominicanos que invierten su dinero ahí para convertir esta isla, que es un minicontinente, en un desierto”, manifestó, refiriéndose a los graves impactos ambientales asociados a las actividades extractivas a gran escala.
Por su parte, el sacerdote Ramón “Nino” Ramos dejó un sentido mensaje señalando que las comunidades de la Cordillera Septentrional “han perdido la paz que tenían desde que se enteraron del peligro inminente en que se encuentran”, y atribuyó la presión minera a la “insaciable ambición de dinero de algunos ricos del país”, mencionando a integrantes del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) y a empresarios extranjeros.
La voz de Nino Ramos es escuchada con atención por la multitudinaria marcha y por los medios de comunicación comunitarios que intentan registrar su mensaje con la mayor claridad.
“El agua es el elemento más esencial para la vida de todos los seres vivos que existen en la naturaleza; sin agua no hay vida. Por eso nos mantendremos con el mismo espíritu de lucha y dispuestos a dar nuestras vidas con tal de que salvemos el agua para las presentes y futuras generaciones”, dice Nino Ramos ante la mirada profunda y respetuosa del pueblo movilizado.

A pesar de la sensibilidad de su mensaje, que expresa el sentir de las comunidades que defienden la tierra, el agua y la naturaleza, Nino llama a las autoridades y gobernantes al diálogo para buscar una salida a la problemática social provocada por la imposición del modelo de “desarrollo” que se basa en la explotación de la naturaleza.
“Estamos abiertos al diálogo con todas las autoridades en busca de una pronta solución, abiertos al diálogo, pero firmes en nuestra decisión: AGUA SÍ, ORO NO”, concluye mientras los presentes dan continuidad a la frase, elevándola a una consigna fuerte, coreada desde el corazón.
Cabe recordar que el 22 de abril, la Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas (CONDOR) difundió un pronunciamiento en el que expresó su preocupación por los impactos de la minería en la Cordillera Septentrional, manifestando su solidaridad con las comunidades que defienden la vida frente al avance extractivo. El comunicado también respaldó a sacerdotes y actores eclesiales que acompañan las luchas territoriales y llamó a las iglesias y comunidades católicas a participar activamente en acciones de defensa del agua, la vida y la Casa Común
El sentir del pueblo en defensa de la Casa Común

Una mujer que expresa con una gran sonrisa la felicidad de participar en esta gran marcha toma el micrófono para dar su mensaje:
“Es una manifestación de la población. La Iglesia católica y muchas iglesias y grupos organizados se están expresando, y la cita más importante es la pronunciada por el Papa Francisco en Laudato Si’, para apoyar al pueblo, preservar nuestros ríos y nuestros valores”, manifiesta, haciendo referencia a la encíclica del pontífice que llama a la humanidad a cuidar la Casa Común y defender la vida frente al extractivismo.
La masividad de la marcha fue un mensaje contundente para las autoridades del Gobierno, que, a pesar de sostener que no han entregado permisos de explotación, han otorgado permisos de exploración en diferentes zonas del país.
En la actualidad existen únicamente tres proyectos mineros en operación en toda República Dominicana: Pueblo Viejo, operado por Barrick Gold y Newmont; Cerro de Maimón, operado por Corporación Minera Dominicana (CORMIDOM); y Quisqueya I, operado por Falconbridge Dominicana (Falcondo). Sin embargo, existen alrededor de 90 solicitudes de explotación de proyectos mineros que se encuentran en fase de exploración; es decir, el modelo extractivo minero se encuentra en plena avanzada, aunque el Gobierno lo niegue.

Un comunitario de gorra amarilla se abre paso entre la multitud para solicitar el micrófono y dirigirse a los medios de comunicación. Su mensaje resume en pocas palabras el verdadero rostro de la megaminería:
“En Cotuí tenemos la desgracia más grande, la minera de oro Barrick Pueblo Viejo, donde el día de hoy, domingo 24 de mayo, fue enterrado un señor de nombre Jesús García. Este comunitario, que vivía en la comunidad de Naranjo, se cayó en el río Naranjo una vez que cayó un aguacero demasiado grande y Barrick aprovechó y desaguó la presa. Entonces, les estamos haciendo el llamado a San Juan y a toda la Cordillera Septentrional a que por ningún motivo acepten la minería. La minería es la desgracia más grande que puede tener un ser humano y eso lo tenemos nosotros en Cotuí”, manifiesta.
El proyecto minero Pueblo Viejo, ubicado cerca de Cotuí y operado por Barrick Gold y Newmont, es la mina de oro más grande de República Dominicana y una de las más grandes de América Latina. Desde su construcción, comunidades campesinas han denunciado graves impactos ambientales como contaminación de ríos, afectaciones a la salud, desplazamientos comunitarios y pérdida de tierras agrícolas. Pueblo Viejo se ha convertido en un símbolo del peligro que representa la megaminería.
Otro comunitario se dirige directamente al presidente Luis Abinader en los siguientes términos:
“Señor presidente, la salud de nuestro pueblo dominicano no se negocia, el oxígeno de los dominicanos no se negocia, el agua que tomamos no se negocia. Las personas respiramos y tomamos agua. Señor presidente, si usted o las autoridades han tomado algo de dinero de la explotación minera, le decimos que lo devuelva, porque la explotación de la cordillera no va y nos tendrán de pie siempre, hoy y todos los días”, sentencia ante los gritos de unidad de la gran marcha.
La movilización se realizó apenas tres semanas después de que el Gobierno dominicano anunciara la suspensión del proyecto minero Romero, impulsado por la empresa canadiense GoldQuest en la provincia de San Juan. El proyecto, ubicado en la Cordillera Central —una región distinta a la Cordillera Septentrional—, fue detenido tras una fuerte presión social y ambiental en defensa del agua y la agricultura.
La gran marcha en defensa de la Cordillera Septentrional refleja cómo la defensa del agua, la tierra y la vida se ha convertido también en una expresión espiritual y ética profundamente vinculada a la ecología integral, un mensaje del Papa Francisco en la encíclica Laudato Si’ que continúa más vigente que nunca.
En las voces de sacerdotes, campesinos y comunidades se expresa una visión donde la naturaleza no es una mercancía, sino parte esencial de la vida colectiva, la dignidad de los pueblos y el cuidado de la Casa Común.
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Una publicación compartida por Laura Merán | Periodista | Maestra de ceremonias (@lauraensociedad)


