“La minería no trae riqueza; trae muerte”: fuerte llamado de Diócesis de Honduras en defensa de la Casa Común

La Diócesis de Juticalpa, en el departamento de Olancho, en Honduras, emitió un fuerte rechazo a la explotación minera a través de un comunicado, firmado el 25 de junio por el clero junto con su obispo José Bonello y la Pastoral de Ecología Integral, donde expresan con frontalidad su posición frente al extractivismo minero en la región.

Motivados por el llamado del Evangelio y el compromiso con el cuidado de la Creación, llamaron a toda la comunidad de fieles de la Diócesis a defender la vida frente a los impactos devastadores de la minería a nivel ambiental, social y sanitario.

“La actividad minera y la deforestación descontrolada en Olancho no traen riqueza; traen muerte. Los impactos son visibles e irreversibles: Contaminación y secado de nuestros ríos y fuentes de agua. Destrucción masiva de los bosques y hábitats naturales de la región. Proliferación de enfermedades respiratorias, de la piel y estomacales. Ruptura del tejido comunitario, sembrando discordia entre hermanos”, detallan en su mensaje.

Una posición en defensa de la vida

La Diócesis aclaró que su postura “no es política, sino evangélica” y se mantiene en concordancia con el llamado del papa Francisco en la encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la Creación, citando sus palabras al señalar que la Tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”.

La iglesia hondureña enfatizó el llamado a las comunidades a “no dejarse engañar” por las corporaciones que traen promesas falsas de “desarrollo”.

“Estas corporaciones extractivas suelen presentarse con proyectos de «desarrollo», prometiendo escuelas, centros de salud, empleos y carreteras. La experiencia nos ha demostrado que estas promesas son engañosas. El supuesto progreso dura muy poсо, mientras que la pobreza se agudiza y los daños ambientales se quedan para siempre”, manifiestan.

Pobladores de Tocoa, Sabá, y Bonito Oriental (Colón), San Esteban y Gualaco (Olancho), en un plantón en rechazo a la minería en 2022.

Estudios científicos coinciden con la Iglesia

Las preocupaciones expresadas por la Diócesis coinciden con diversos estudios sobre la minería en Honduras, que dan cuenta de sus impactos negativos. De acuerdo con el informe “Análisis de las concesiones mineras en Honduras y riesgos climáticos asociados a su actividad”, elaborado en 2025 por la Asociación Centroamericana Centro Humboldt, el país posee más de 401 mil hectáreas concesionadas para minería, de las cuales el 55 % corresponde a minería metálica.

El estudio revela que la actividad minera está relacionada con escasez de agua, deforestación y cambio de uso de suelo. Además, señala que el 60 % de las zonas mineras del país enfrentan un alto riesgo de déficit hídrico en los próximos años y que todos los territorios analizados presentan riesgos de sequía severa o extrema.

Entre 2015 y 2023, las áreas concesionadas para minería en Honduras perdieron cerca de 30 mil hectáreas de bosque, mientras crecieron significativamente las áreas destinadas a cultivos agroindustriales y ganadería.

En el caso de Olancho, informes del Observatorio de Bienes Naturales y Derechos Humanos identificaron al departamento como uno de los más concesionados del país, con 33 concesiones mineras registradas, con al menos 28 proyectos vinculados a la extracción de minerales.

Ya en 2019, el estudio Estado de la Minería en el Departamento de Olancho concluyó que el extractivismo ha provocado contaminación del agua, deterioro ecológico y conflictos sociales.

Maquinaria trabajando en la extracción de oro en la mina de Azacualpa. Foto: Martín Cálix

Llamado a la organización y defensa de la vida

Frente a esta realidad, la iglesia hondureña manifiesta con frontalidad: “¡NO A LA MINERÍA, NO A LA TALA DEL BOSQUE porque: no crea más empleos, no desarrolla a las comunidades, sino que las divide y engaña, destruye el medio ambiente, genera riqueza pero es pasajera, se fomenta la corrupción porque invierten en campañas políticas, compran funcionarios del gobierno y otras personas sin ser acusados. CONTAMINAN el agua y suelo provocando enfermedades y Muerte”.

La Iglesia aseguró que no se opone al desarrollo, pero insistió en que este debe darse “en el marco de la justicia, de la verdad y el respeto al derecho de una vida digna”. Asimismo, llamó a las comunidades a organizarse y manifestarse pacíficamente para defender sus derechos y el territorio.

Desde la Red Iglesias y Minería valoramos profundamente la claridad y valentía del mensaje de la Diócesis de Juticalpa, que se suma a las múltiples voces eclesiales que, en distintos territorios de América Latina, levantan su voz en defensa de la vida, el agua y la casa común frente a los impactos destructivos de la minería. Cada vez más iglesias y comunidades de fe reafirman su compromiso con los pueblos afectados y con la construcción de alternativas basadas en el cuidado de la Casa Común.

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