Fabián Castillo, campesino y agricultor de 74 años, fue detenido de manera arbitraria este martes por miembros de la Policía Nacional de Panamá, luego de oponerse a los trabajos de perforación que pretendían realizar en sus tierras productivas para las obras del embalse de Río Indio.
Castillo, habitante de la comunidad de Uracillo, fue retenido sin que existiera una infracción o una causa legal que justificara su detención. Durante varias horas sus familiares y vecinos desconocieron su paradero, hasta que finalmente fue localizado en una dependencia policial en Penonomé.
La detención ocurre en medio de una creciente conflictividad en la cuenca del Río Indio, donde las comunidades campesinas denuncian la imposición del proyecto de embalse sin su consentimiento y un aumento de la presencia policial en los territorios.
Militarización e intimidación al campo
Florentino Chirú, agricultor de la comunidad de Los Uveros e integrante de la Coordinadora Campesina por la Vida contra los Embalses, alerta que la detención de Castillo constituye un acto de intimidación contra las familias que se oponen al proyecto.
«Hoy un compañero se niega a que esos estudios se hagan y por eso lo toman y lo detienen. No hay una infracción para que el señor esté detenido, pero la Policía lo busca y lo detiene. Eso es una intimidación hacia el campo; están llevando las cosas a otro nivel.»
Según los habitantes, un día antes de la detención agentes policiales recorrieron los puntos de encuentro comunitarios, tomaron fotografías y realizaron labores de vigilancia a las comunidades.
Las comunidades denuncian una militarización de las comunidades que, en los últimos días, se ha incrementado para acompañar a la empresa ERM, encargada del “Plan de reasentamiento” y la empresa Igetec y ACP, responsables de los estudios técnicos del proyecto.
Estas fueron las palabras de Fabián Castillo antes de ser detenido por los estamentos de seguridad:
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Las comunidades rechazan el proyecto del embalse

La detención de Fabián Castillo ocurre apenas dos días después de que cientos de familias campesinas de las provincias de Colón, Coclé y Panamá Oeste marcharan hasta el cementerio de Limón de Chagres en rechazo al Decreto Ejecutivo N.º 26, emitido por el Gobierno de José Raúl Mulino, que permite el traslado obligatorio de los cementerios, como parte del proyecto de expansión del Canal de Panamá.
La peregrinación estuvo acompañada por el obispo de la Diócesis de Colón, monseñor Manuel Ochogavía, quien calificó el proyecto como «una diáspora, un exilio y un destierro» que amenaza con arrancar las raíces, la historia y los vínculos de las comunidades con su territorio.
Durante la eucaristía, el obispo cuestionó el impacto humano del proyecto.
«¿Qué sentirías si te entregaran los huesos de tu madre en una bolsa y te dijeran: lléveselos? ¿Qué sentirías cuando ya no tienes un lugar donde ir a rendir respeto y veneración a tus muertos?», expresó.
Asimismo, advirtió que la construcción del embalse de río Indio para conseguir más agua para el canal y para el consumo humano, como consecuencia de la expansión del canal hecha en el 2006, no puede justificarse si implica el sacrificio de comunidades enteras y la pérdida de su patrimonio cultural y espiritual.


Las comunidades de Río Indio sostienen que el proyecto avanza sin licencia social amenazando su vida, su territorio y su futuro.
«Todo nos ha ido dañando: el ambiente, el aire, la familia, los pueblos. Lo último que nos quieren quitar es la huella de nuestros ancestros con decretos. Sacar los cementerios es como sacarnos de raíz, cambiar nuestra historia y nuestro legado. Son los cementerios de nuestros abuelos y bisabuelos, y nosotros queremos dejarles ese legado a nuestros hijos y nietos», denuncia Florentino Chirú.
Llamado a la solidaridad
Las comunidades exigieron la liberación inmediata de Fabián Castillo, el cese de la militarización en la cuenca del Río Indio y el respeto al derecho de las comunidades a decidir sobre su territorio y su forma de vida.
«Lo que nos pasa hoy, de repente les pasará mañana. Tenemos que crear más unidad y empatía, luchar y trabajar juntos para convivir en una tierra que es el fruto de nuestra vida y de nuestra Madre Tierra», concluyó Florentino Chirú.
Por su parte, Monseñor Ochogavía hizo un fuerte llamado profético: «Tarde que temprano tendrán agua mezclada con la sangre de un pueblo que se resiste a morir y que lucha por lo que es y por lo que cree», al tiempo que se refirió a las comunidades como gente hecha de “trabajo duro, de amor a su tierra, de valorar su historia, de amar y de vivir”



